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Eloy Jáuregui: El más vil de los ofidios

Conversación con el cronista, narrador y poeta acerca de su inicio en las letras y el periodismo.

Publicado: 2013-07-21
Eloy Jáuregui puede, como pocos, unir en una sola oración calle y literatura, Susy Díaz y poesía, Lolo Fernández y metafísica. Es por esto, quizá, que algunas de sus crónicas provocan ser bailadas en lugar de leídas. Un sábado por la mañana nos recibe en su casa con salsa y vino, acaso indispensables para explicarnos cómo nace su estilo, su posición respecto al periodismo y otros detalles de su vida.

¿Cómo te acercaste a los libros, a la literatura?
Me gustaban los libros porque odiaba los libros del colegio. Porque había descubierto en los libros de literatura sexo, sobre todo.
¿Cuál fue el primer libro que leíste?
El amante de Lady Chatterley, de D. S. Lawrance. Que es un libro eroticazo, con escenas jodidas. Una mujer está casada con un gran pituco inglés con una casa de campo enorme, un palacio. Él va a la primera guerra mundial y viene sin huevos. Viene caminando pero una bomba le había caído en todo el aparato, en todo el paquete erótico, genital. Sin embargo, el hombre seguía viviendo y seguía casado con una de las mujeres más bellas de Londres y la que tenía el mejor poto de Gran Bretaña. Un día que Ema paseaba por uno de los tantos campos que tenía, conoció al guardabosque, un pata como yo. Alto, fornido, buen mozo, de ojos azules. Un hijo de puta que vivía solo.
La idea porno del guardabosque debía ser como la del limpiador de piscinas actual o el gasfitero .
Claro. Era como un técnico de Claro (los dos técnicos de Claro que cambiaban su módem, no aguantaron la risa que venían disimulando desde hace rato). Ya no ya. Un día llovía. Y al final terminaron en la cama revolcándose entre las mantas sucias del guardabosque y el guardabosque era un salvaje. Un tipo aventajado, incansable. Era de circo. Entonces, mientras yo leía esas páginas a mis diez u once años… (hace un gesto de “sabes de qué estoy hablando”). Obviamente eran libros que yo leía con una sola mano.
Se podría decir, entonces, que empezaste a leer empujado por tu deseo sexual.
¡Así es! Y esos libros se llaman: Libros para leer con una sola mano.
¿Influyó también el que tu padre tuviese una librería?
Claro. Mi padre tenía una librería. Él era un comerciante arequipeño y aquí de frente la hizo: Se metió a vender cosas, a trabajar en una tienda por el mercado central. De pronto ya tenía plata y se compró una casa en Surquillo, que era la zona en la que los migrantes del sur se asentaron. Y claro, mi viejo traía ganado, estaba dedicado al comercio, hacía una y otra huevada. De pronto mi hermana, la mayor que yo... como te decía yo soy el último de siete hermanas ya iba para roquete, ya estaba fijo. Yo tengo fotos, de cuando tenía siete años, vestido como travesti.
¿En qué momento cambió eso?

Hay un testimonio que salió en la revista Soho: cuando debuto, en el colegio. Felizmente me encontré con un pata que era achoradazo y ya había ido al burdel. Estaba en segundo año de media y se sentaba junto a mí. Era del Callao y estudiaba en Surquillo. Ese era el más pendejo. Me dijo: 

- Oe compare ¿Ya debutaste?

-¿Debutaste? ¿Qué es eso?

-¿Eres hombre?

-No, todavía no pues

-Vamos huevón, yo te llevo.

Tenía catorce o trece y me llevó a un burdel en el centro de Lima, pero esa es otra historia.

Me contabas de tu padre y la casa en Surquillo .
Ahora es puro negocio. Antes no, antes era una zona bien ficha. Franco, a dos cuadras de la vía expresa y ahí nomás estaba Miraflores. En La ciudad y los perros el cadete Vargas Llosa llega hasta esos confines en la avenida Angamos y dice: “aaaaaggg, puta por allá queda surquillo y la barriada y toda la mierda”. Al contrario, ahí quedaba la casa de mi viejo (ríe). Y esa casa sirvió para reunir a toda la familia y paisanos. Incluso cuando todavía mi viejo era soltero.
¿En qué momento se conocieron tus padres?

Mis viejos se conocieron porque mi papá, en Arequipa, hacia trueque con mi abuelo, eran socios. Allí, una vez llegó mi viejo con su caballo y una noche se tuvo que quedar porque estaba lloviendo. Entonces conoció a la que fue mi mamá, que era una de las hijas menores del señor este con el que hacía negocios. Le dijo: 

-Cómo se llama esa china.

-Juana – respondió mi abuelo.

- Y tiene marido – dijo mi papá. Altanero, porque lo trataba como un huevón a mi abuelo.

- Todavía no.

- Y qué espera, si ya llegó.

- Convénzala pues, don Néstor – dijo mi abuelo.

- Pero háblale tú.

Así hablaban, como en los libros de Juan Rulfo.

- Ya voy a venir la próxima vez para llevarme a esa china – a la mierda.

El asunto es que, años después, acá en Lima mi papá y mi abuelo se encuentran de nuevo. Mi mamá ya tenía dos hijas e igual se juntaron. Ellos vivían en una parte pobre de Surquillo que no tenía ni pista, con eso te digo todo. Y mi viejo estaba en la esquina más poética del mundo: Dante, por Dante Alighieri, con Primavera, que es la estación de las flores. No se llamaba Rufino Torrico, ni huevadas.

Y luego, establecidos en Surquillo, ya con siete hijos ¿En qué momento nace la librería?
En eso mi viejo conoció a Sandro Mariátegui, era el dueño de las librerías e imprentas Minerva. Una de mis hermanas, la mayor, empezó a trabajar ahí. Sandro era el hijo de José Carlos Mariátegui y publicó la obra completa de su viejo: veinte tomos en edición popular. Como fue una gran campaña a nivel nacional, mandó a diseñar unos quioscos para las ferias del libro. Entonces mi padre, negociante, le dijo que él podía encargarse del asunto. A Sandro le pareció bien y a mi viejo lo nombran gerente o supervisor de aquello. Así empieza y luego abre su propia librería. Mi padre nota, entonces, que era un ignorante en lo que respecta a libros y allí comenzó su aprendizaje, un aprendizaje que inicio junto con el mío. Mi padre se convirtió en el joven Eloy y yo me convertí en el viejo Néstor. Los dos aprendimos a conocer de libros.
Tu relación con él te marcó .

Yo tenía una vida muy cercana con mi viejo: me llevaba a todos lados y a veces nos íbamos con sus patas y se ponía a tomar. Yo aprendí allí a manejar todas esas situaciones. ¿Qué hacía ahí un chiquito? Me comenzaba a vacilar con la gente. Qué más iba a hacer.  

Además en la librería en el centro de Lima mi padre era visitado por escritores y profesores de la universidad. A la tienda empezaban a llegar personajes, intelectuales de primera línea en el Perú. De allí que me han agarrado camote muchos escritores, me conocen desde chiquito. Con Oswaldo Reynoso recordábamos hace poco que yo los había conocido a él y a Ribeyro en mi casa. Pasa que mi viejo hacía unos almuerzos de la puta madre, se hizo una costumbre que los amigos que lo visitaban en la librería vayan los domingos a almorzar a mi casa. Allí los conocí bien. Tragos van y vienen, almuerzos y comidas, las discusiones y la ideología y las pasiones, etc. Casi se agarraban a los golpes y de todas maneras el lunes seguían siendo patas. Esa también fue una de las cosas que me marcaron.

Entonces, por el lado de la intelectualidad peruana había espacio y por el lado de la familia y la gente del barrio había también una parte, por el lado del cine, la música, también. Surquillo es un sitio de jaraneros, de artistas, de compositores, y todo el mundo era cantante en esa esquina.

Hace 40 años .

Ahora es de pasteleros, choros, mecánicos y toda esa huevada.


Suena música de Willie Colón y Héctor Lavoe. Escuchamos, desde su computadora, “Salsa: Barrio de crónicas”, un programa de radio por internet escrito y conducido por Eloy.

-
Yo estoy aprendiendo, estoy haciendo esto (refiriéndose a la radio), una cosa y otra; estoy haciendo el libro (“El más vil de los ofidios”). Hay muchas cosas que hago a la vez. Todavía estoy con fuerzas, supongo que de acá a unos años ya haré cada cosa por su lado, con más calma.
Por ahora el paso del tiempo no te hace nada .
No, ni mierda. Porque, además del vino y de estas huevadas, soy una persona sana.
Baudelaire escribió que para no sentir el horrible peso del tiempo hay que estar ebrios siempre, de virtud, vino y poesía. Dirías que esa ha sido tu fórmula para mantener el espíritu joven.

¡Burdelaire! A Baudelaire le faltó decir algo: orden. No es una antípoda. El orden es la obligación que te tienes tú para ser productivo, nadie ha dicho que la poesía sea todo desbande, que el placer sea puro desbande. Está bien el placer, el gusto, el gozo, pero mañana tengo que trabajar. Tengo que escribir otro poema, otra canción. Hoy puede haber cien mil Baudelaires en el mundo, no con su calidad, pero como tienen orden pueden hacer grandes producciones artísticas. Hay artistas gigantes a la manera de Baudelaire que le han añadido, a lo que dijo, orden. Que no es incompatible.


Un poco más de volumen a la salsa.

Cuál es el tema central de tu próximo libro “El más vil de los ofidios”
El periodismo.
¿El periodismo es una especie de serpiente?

Es una anaconda, por su poder. Y una anaconda en la versión de Lucho Llosa.  

El libro es de ensayos sobre el buen periodismo. Sobre cómo el periodismo tiene que usar, ahora más que nunca, algo que antes no era tan necesario: la calidad.

¿Por la competencia generada por internet?
Claro, la única forma que tiene el periodismo tradicional para ganarle al internet o a las redes sociales es la calidad. El periodismo está agotado porque ha seguido utilizando la pirámide invertida, las preguntas ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? Y ¿Dónde?, la vieja tradición de los doctores españoles Alberto Martinez, Martín Vivaldi, etc., y no ha logrado hacer que el periodismo se parezca al cine, y no ha logrado hacer que el periodismo se parezca a la telenovela y no ha logrado que el periodismo se parezca a un partido de fútbol. El periodismo tiene que contar una historia. Antes lo hacía; sin embargo, frente al bombardeo de otras cosas que salen primero se limitó a solamente dar noticias escabrosas, sin son ni ton, y carentes de la belleza que tiene contar historias.
¿Cómo es que el periodismo dejó de contar historias?
El periodismo dejó de contar historias para lanzar acusaciones o por menospreciar el lenguaje: el lenguaje que es tan frondoso y tan lleno de vida y el periodismo utiliza el 1%. Si nosotros juntásemos el buen periodismo con la buena literatura seríamos profesionales diferentes en el mundo. El periodismo solamente tiene vida cuando cuenta historias con calidad literaria, con calidad cinematográfica, si tiene de telenovela. Pero todavía se sufre ese drama, algunos no pueden romper lo que yo rompí hace tiempo.
¿Qué drama específicamente?
El paradigma de que la información tiene que ser escueta y ramplona.

Escrito por

Eduardo Santana Trabucco

@0eduardosantana


Publicado en

Chancho

Como los noticieros de las mañanas, pero peor.